miércoles, 9 de junio de 2010

EL SÓTANO

Debieron pasar unos ocho días en el sótano. No sabían ni cómo ni por qué estaban encerrados allí. Gracias a la despensa consiguieron sobrevivir. Ya les había pasado otras veces pero desde luego no tantos días, normalmente en cuestión de horas se solucionaba el tema. Muchas veces se insulta y critica al vecino o vecina que habla y mira de más por la ventana, pero en este caso la cotilla fue la salvadora, una vez más. Aunque María del Mar ya empezaba a tener miedo de aquella madre y su hijo de nueve años que se encerraban en el sótano sin venir a cuento y gritaban auxilio a las pocas horas. Esta vez Josefa y Juanito llevaban más tiempo del normal porque les pillo la Semana Santa y María como buena samaritana se marchaba a Cuenca con su familia a ser lo más devota posible. Torrijas, nietos, santos, jesuses, vírgenes y encapuchados. Esa forma de vivir la religión era lo que, a pesar del miedo, la obligaba a ayudar a su vecina rarita una y otra vez. Pero ya empezaba a pensar que este juego macabro que se traía la madre con su hijo debía llegar a su fin y si no, al menos se merecía una explicación. Si algo había de raro es que las llaves de la puerta del silo, cerrado por dentro, desaparecían una y otra vez. Los días siguientes transcurrieron con normalidad. Juanito iba y volvía del colegio. Josefa escribía artículos en casa. María del Mar salía a comprar y cuando llegaba volvía a salir porque se le había olvidado algo por no parar de cotillear en el mercado. Pero a los pocos días otra vez a las cinco de la mañana los gritos de auxilio. La beata abrió un ojo, luego despegó el otro, se puso la bata de los ochenta, arrastró los pies hasta la casa de su vecina, cogió las llaves de debajo del felpudo, abrió la puerta, cogió la copia de las llaves del sótano del cajón y una vez más abrió y les salvó. Vuelta con:"muchas gracias María del Mar, si no fuera por ti… mañana no te hagas comida, que te llevo yo una tortillita de patata de esas que te encantan" Y con las mismas como si la rebobinaran hacía atrás la vecina correveidile se volvió a la cama. Lo prometido es deuda, así que al mediodía siguiente Josefa se plantó con su tortilla: "Pero no hacia falta mujer… si os sacó de allí encantada ¿para qué estamos las vecinas si no?… muchas gracias por la tortilla, me encantan tus tortillas… el otro día se lo comentaba a Jesusa en la frutería… ¡qué buenas las tortillas de Josefa!¡Qué buenas!" Todo esto con una sonrisa de oreja a oreja y una voz de ángel celestial. Cuando cerró la puerta fue a la cocina, cogió un plato y se sirvió el pollo en salsa que ella misma había cocinado y tiro el regalo culinario por la taza del inodoro. Nunca había probado un solo cacho, no se fiaba ni un pelo de su vecina rarita. Pero ya estaba harta, así que decidió buscar explicaciones sin pedirlas. Josefa era reportera de guerra así que de vez en cuando se marchaba un tiempo a cubrir ciertas noticias, su hijo se quedaba en esos días con su abuela. Ese fue el momento en el que María aprovechó para entrar en casa de su vecina e instalar cámaras ocultas en todos los rincones. Cuando la madre y el hijo volvieron a su casa en cuestión de una semana se volvieron a encerrar en el sótano. La cotilla estaba deseando que se volviera a ir para poder limpiar la casa de cámaras y descubrir qué ocurría. Tuvo suerte ya que en cuestión de unos días la residencia estaba otra vez a su disposición. Por fin, pudo ver de cerca los usos y movimientos en el hogar. Todo era normal, excepto por una cosa. Josefa se despertaba todas las noches a la misma hora, cuando pasaba el camión de la basura. Algunos días ni se despertaba y era entonces cuando sonámbula cogía a su hijo dormido y a todo correr bajaba temerosa al sótano. Una vez allí cerraba con llave y se la tragaba. Tras ver el video varias veces María del Mar llegó a la conclusión de que su vecina padecía Estrés Postraumático. Cuando oía durante un sueño muy profundo el camión de la basura lo relacionaba con algún peligro de guerra y por eso actuaba de aquella forma. Todo esto desembocó en dos resultados: por un lado se comió por fin la tortilla-ofrenda tranquilamente y todos los vecinos se enteraron en cuestión de dos horas de lo que le pasaba a Josefa menos ella. Nadie le podía decir que la buenísima señora de al lado había puesto cámaras por toda su casa. Todo siguió hasta la jubilación de la periodista con los mismos rituales pero esta vez con la tranquilidad de sus vecinos y con un teléfono móvil en el sótano.

domingo, 6 de junio de 2010

DESTELLOS

Le empezaban a doler y a oler los pies como nunca. Los labios se le agrietaban por la deshidratación, el pelo era una maraña polvorienta, su ropa ya no era ropa y su ropa interior era crema. Llevaba tres días caminando entre invernaderos. Comía lo que robaba y bebía lo que podía. Se despertó allí, en el desierto de plástico. No tenía ni idea de quien era ni de qué hacía en mitad de la nada. Así que pensó en caminar hasta que alguien le recogiera o le reconociera. Pero no se encontraba nunca con nadie. El quinto día llego a Labradillo del Campo. Quizá aquí tendría suerte. Lo primero que hizo fue entrar en el bar del pueblo. No había camarero así que gritó: "¡Hola!". Se sentó en la barra, miró el reloj calendario y espero pacientemente hasta quedarse inconsciente por el cansancio. Cuando despertó, las agujas del reloj seguían en la misma posición pero el calendario marcaba un día más. Seguía sin haber nadie. Así que dio la vuelta a la barra y se sirvió todo lo que quiso. Cuando por fin estaba con fuerzas fue a dar un paseo por el pueblo decidido a encontrar a alguien. Nada, nadie. Se bañó en la fuente del pueblo y cogió ropa de los tendederos. Por la noche, junto dos mesas en el bar y durmió en ellas. Tras una semana viviendo en soledad en Labradillo del Campo, se sintió con fuerzas para continuar caminando y buscando ayuda. Preparo una mochila, fue de casa en casa metiendo en ella lo que más le convenía. Cuando en el último inmueble al colocarse el macuto tiró al suelo una radio que estaba sobre una mesa camilla. De repente, una voz desesperada empezó a hablar por ella, repetía lo mismo sin cesar: " Los destellos están acabando con todo, si sigues con vida dirígete a el parking subterráneo más cercano a tu domicilio, allí te salvarás". Entonces comprendió que iba a ser muy difícil encontrar a alguien. En el pueblo no había parking subterráneo, así que pensó en el lugar más oscuro y ayuso. Comenzó abriendo una alcantarilla en la calle y bajando sus escaleras. Según bajaba oía algo que parecían murmullos, toses y gemidos. Tiró la mochila y salió corriendo hacía los escalofriantes sonidos. Se encontró un pueblo entero bajo tierra. Las personas estaban en grupos familiares, olía indescriptiblemente mal y nadie le hacía caso. Hasta que uno de ellos empezó a gritar: "¡Esa es mi ropa!¡Mi ropa!". Entonces todo el mundo echó a correr tras él. Y él corrió hacia la salida, miles de manos tiraban de sus pantalones hacia la oscuridad, así que se los desabrochó para poder subir y salir a la superficie. Una vez fuera, gritó: "¡Ya no hay destellos!", pero nadie salía. "Llevo dos semanas fuera y no he visto nada." "¡Sigo vivo!", entonces volvió a gritar: "¡Ya no hay destellos!". Finalmente, el dueño de la ropa, no sin temor, empezó a salir. Al principio estaba cegado por la luz, pero enseguida se dio cuenta de que no pasaba nada y empezó a reír como un loco. Poco a poco todo el mundo fue saliendo. Este pueblo fue el primero en salir a la superficie. Una vez todos recuperados fueron en busca de otros pueblos colindantes y así poco a poco las escasas personas vivas que quedaban en el planeta volvieron a la superficie. Por eso Labradillo Campo es hoy un lugar conocido por todos al que hay que agradecer que estemos aquí.

martes, 20 de octubre de 2009

SIN COMPLEJOS

Se despertó en un sofá que nunca había visto, se sentía desnuda pero no tenía frío y por primera vez no le daba vergüenza que alguien pudiera ver sus partes más intimas, por fin, pensó: "ha llegado mi madurez total, todo eso de que con la edad te acabas encontrando bien con tu cuerpo, parece ser que era verdad". Nunca se le había pasado por la cabeza que dejar de tener complejos fuera una cosa de un día para otro, pero era algo muy fácil de aceptar. Saltó del sofá al suelo, buscando un espejo, para poder recordar la primera vez en la que se sentía mejor que bien con su físico y su psíquico. Pero todos los reflejos estaban demasiado altos para ella. No se acordaba de la noche anterior y mucho menos de en casa de quién estaba. Desde luego era una persona muy alta. Dio un paseo de investigación por el piso para poder encontrar algo que la hiciera recordar. Nada. Le llamó mucho la atención que todas las habitaciones tenían muchos tapetes, muñecas polvorientas de otra época y unos cubrecamas con un estilo que estaba extinguido ya desde su niñez. Lo que para algunos podría ser deprimente a ella le parecía de los más agradable. Decidió marcharse de allí, pero cuando consiguió llegar al pomo de la puerta no pudo abrir, la llave estaba echada. Volvió al sofá y esperó. Se dio cuenta, por un calendario que había en el reloj del salón, de que era domingo. La idea de volver a la oficina le parecía la cosa más deprimente del mundo. Cuántas veces había deseado ser un ser consciente de sí mismo del que se ocuparan sin pedir nada a cambio. Levantarse por la mañana y que te hicieran la cama, te pasearan, volvieras a casa, te tumbaras y te volvieran a pasear, te dieran un masaje a media tarde y después dieras otro paseo y luego a cenar. Así todos los días sin tener preocupaciones ni aspiraciones, sólo vivir, vivir bien, en compañía y no trabajar para una compañía. De repente, las llaves en la puerta, unos zapatos de tacón y un inexplicable olor a talco. Una anciana:

- He decidido que me quedo contigo, siempre que te portes bien. Sé que lo has pasado mal hasta encontrarme, te he traído comida de perros de la buena. Ahora te daré un baño.

La señora cogió a la protagonista en brazos y con ella se miró en el espejo del baño. No se sabe ni cómo ni por qué pero ahora era una perrita de raza indefinida. Por el momento sabía que le iban a dar un baño y que no tenía que ir a trabajar el lunes, nunca se había sentido tan feliz.

lunes, 13 de julio de 2009

UNA CAJA DE CEREALES

Soy el cornflake número 753 de una caja de un kilo que tiene el código de barras demasiado grande como para recordarlo. Se que en el supermercado había una oferta de dos cajas por el precio de una. No me preguntéis cómo sabía eso, esas cosas se saben y ya está. Un día un estudiante llegó y se llevó la oferta, una caja eran nuestros vecinos de balda, la otra, nosotros. Perdimos el contacto visual de la otra caja cuando pasó el scanner, algunos compañeros aseguran que quedó olvidada en una bolsa en el suelo. Yo personalmente, no vi nada. Después de aquello nos pasamos otros dos días en un armario, esperando órdenes y acción. Por fin una mañana supimos que era el gran momento para los elegidos. La bolsa de plástico se abrió y vimos la luz más intensa de nuestras vidas. La caja se inclinó y saltamos al exterior, teníamos que caer dentro de una piscina, muchos de nuestros compañeros no lo consiguieron, cayeron fuera de ella, no he vuelto a oír sus voces. Enseguida nos dimos cuenta de aquel líquido era leche. Acto seguido unas palas empezaron a recoger soldados que se fueron con canciones victoriosas, al principio todo iba muy rápido luego más despacio y al final... Llevo tres días a la deriva en leche, poco a poco mi cuerpo se deshace y estoy cerca de un grifo que gotea en la piscina incansablemente. No consigo entender por qué me desecharon, por qué a todos los demás sí se los llevaron, por qué pensaron que yo no era lo suficientemente bueno. Lo peor de todo es que moriré sin saberlo. Deshecho por fuera y por dentro.

domingo, 14 de junio de 2009

lO QUE NO SE SABE

El planeta Tierra no era más que un proyecto, lleno de grupos de células que se unían para la creación de seres superiores. Éstos futuros seres, fueron los dinosaurios, los monos, los gatos, las plantas, todo lo que conocemos y lo que no. Hubo un momento en el que cada célula, sabía donde quería ir para unirse con otras y poder ser lo que había escogido. Cuando todos los grupos tenían su futura especie definida, surgió algo inesperado. Algo que aún hoy es desconocido. La mayor parte de las congregaciones microscópicas no sufrieron cambios. Pero se sabe con certeza que ese día algunas familias celulares se fusionaron entre sí, dando como resultado ramas evolutivas muy diferentes a las demás, pero todas con miembros de especies reconocidas. Todo esto se conoce desde hace mas de cien años, pero hoy por fin, tenemos dibujos y datos sobre estas antiguas nuevas criaturas.

sábado, 13 de junio de 2009

LOS DEDOS

Cada día hay alguna persona o animal que pierde un dedo. Normalmente las pérdidas de éste tipo son muy lloradas por los propietarios, que de un momento a otro pasan de tener todos los dedos de una mano a tener tres, cuatro y medio o incluso uno. Hay muchas formas tener un accidente con los dedos. Una mujer que conocí se lo llevó por delante, no del todo, lo suficiente como para que en el hospital se lo quitaran definitivamente, porque discutiendo con su marido dio un portazo y la ira del momento se transformó en dolor físico. Otra historia muy conocida por todos la de el que va a sacar algo de la parte de arriba del armario, y su anillo de boda se queda enganchado en algo y cuando baja las mantas tiene un dedo menos. La forma más original, por lo menos de las que he oído es la de dos niños, que están en un huerto uno de ellos con una azada le pregunta al otro qué tomate quiere, al señalar la fruta, el infante de la azada corta el dedo y no el fruto. Estoy segura de que muchas de las historias truculentas de carnicería tienen que ver con este tema. La mayor parte de los relatos relacionados con falanges desaparecidas, por lo menos los que yo conozco, tienen un buen final, y no me refiero a que a los accidentados les vuelva a crecer otro dedo o que simplemente en su momento se lo consiguieran unir correctamente en el hospital, tienen un buen final de día a día, todos han continuado sus vidas de forma normal, sin más interrupciones negativas que tener que contar como perdieron el dedo una y otra vez. Lo que quiero decir a toda esta gente es que no se preocupen que sus dedos están bien. Viven en un mundo paralelo en el que no existe la putrefacción, donde empiezan una nueva vida en la que son totalmente independientes y se unen unos con otros porque se escogen entre sí, como hace la gente con sus amigos, puedes encontrar grupos de dedos de cinco meñiques, tres pulgares y un índice. Nadie les a dado a escoger de lo que van a estar rodeados, cuando están enraizados en la palma de la mano, los otros dedos son su familia y siempre la querrán pero no por ello tienen que sentirse felices con los demás, y por eso muchos de ellos deciden huir, algunos dejan una parte con la familia y su dueño y otros se van para siempre sin dejar ningún recuerdo, pero todos, todos son muy felices haya donde van.

viernes, 15 de mayo de 2009

GERVASIO

Gervasio miraba fijamente en el espejo su prominente calva, estaba tan concentrado en ella que no veía la cara de atontado que tenía, a ratos, se peinaba y sacudía una melena ficticia y se reía pero justo después se deprimía mucho más porque ese cabello que se imaginaba nunca iba a ser real. Se colocaba su corbata y su americana y se dirigía un día más a su oficina. Allí todos eran igual o más calvos que él, pero a nadie le preocupaba tanto como a Gervasio. Con lo que él había sido. Todos los fines de semana se hacía un peinado nuevo, recogidos, cuádruples trenzas y cardados, cuando se llevaban, eso sí, él siempre a la moda más puntera, excepto el mullet, nunca le pareció un peinado digno. Pero hoy ya no podía hacerse nada. Estaba desfasado por obligación, y lo de las pelucas le parecía hasta peor. No quería pasar por eso, el fin de semana pasado no tenías pelo y este, menuda mata. No, eso era horriblemente desgarrador. Gervasio era un hombre muy pasional y se tomaba las cosas muy bien o muy mal, pero no tenía tonos intermedios. Antes odiaba los lunes, porque tenía que volver al trabajo después de un fin de semana de liberación. Pero ahora odiaba los viernes porque tenía que hacer como que no pasaba nada, como que no le importaba su problema de calvicie, como que era algo normal. Hoy era viernes, mañana había quedado y una vez más tenía que enfrentarse a sus complejos.

Salió de la oficina cabizbajo, giro la esquina para coger el coche y apareció un anciano oriental vestido de Papa Noel:

-Gervasio, tengo la solución a tu problema -dijo el anciano-

-¿Cianuro? para un suicidio a la antigua usanza -pregunto el calvo escéptico-

-Tengo diez litros de pócima mágica, con dos gotas te crece el pelo de antaño durante dos días completos -continuo el anciano-

-¡El pelo de antaño me lo guardo en las pelotas ! -replicó Gervasio-

-Vengo del Congo, me mandan tus padres, me vistieron de Papa Noel porque dijeron que lo entenderías, que era un mensaje oculto entre tú y ellos pero ya veo que lo único que querían era reírse de mi. Tu madre se llama Fontana y tu padre Prostático. Quieren que estés feliz y aquí estoy de esta guisa, porque me caen bien. Tú verás, esta pócima la prepara un chaman de la secta de tus padres y funciona en cualquier parte del cuerpo -dijo el anciano oriental-

-Bueno pues si es verdad no pierdo nada y si es mentira tampoco, dámela -ordenó Gervasio-
-Son cinco euros, que quieres, no te estoy cobrando la mano de obra ni el desplazamiento, sólo los materiales -replicó el viejo-
-Vale, ¿te llevo algún sitio? -pregunto por compromiso el oficinista-
-Al aeropuerto -respondió el Papa Noel-

De vuelta en casa, no podía para de reírse por la idea de un oriental en un traje de Papa Noel. Se echó dos gotas en la cabeza cenó y se fue a dormir. Sintiéndose muy ridículo por creerse lo de la pócima.

A la mañana siguiente Gervasio tenía el pelo como nunca. Por fin después de tanto tiempo iba a volver a ser el travesti más molón de toda la Disco.