viernes 15 de mayo de 2009

GERVASIO

Gervasio miraba fijamente en el espejo su prominente calva, estaba tan concentrado en ella que no veía la cara de atontado que tenía, a ratos, se peinaba y sacudía una melena ficticia y se reía pero justo después se deprimía mucho más porque ese cabello que se imaginaba nunca iba a ser real. Se colocaba su corbata y su americana y se dirigía un día más a su oficina. Allí todos eran igual o más calvos que él, pero a nadie le preocupaba tanto como a Gervasio. Con lo que él había sido. Todos los fines de semana se hacía un peinado nuevo, recogidos, cuádruples trenzas y cardados, cuando se llevaban, eso sí, él siempre a la moda más puntera, excepto el mullet, nunca le pareció un peinado digno. Pero hoy ya no podía hacerse nada. Estaba desfasado por obligación, y lo de las pelucas le parecía hasta peor. No quería pasar por eso, el fin de semana pasado no tenías pelo y este, menuda mata. No, eso era horriblemente desgarrador. Gervasio era un hombre muy pasional y se tomaba las cosas muy bien o muy mal, pero no tenía tonos intermedios. Antes odiaba los lunes, porque tenía que volver al trabajo después de un fin de semana de liberación. Pero ahora odiaba los viernes porque tenía que hacer como que no pasaba nada, como que no le importaba su problema de calvicie, como que era algo normal. Hoy era viernes, mañana había quedado y una vez más tenía que enfrentarse a sus complejos.

Salió de la oficina cabizbajo, giro la esquina para coger el coche y apareció un anciano oriental vestido de Papa Noel:

-Gervasio, tengo la solución a tu problema -dijo el anciano-

-¿Cianuro? para un suicidio a la antigua usanza -pregunto el calvo escéptico-

-Tengo diez litros de pócima mágica, con dos gotas te crece el pelo de antaño durante dos días completos -continuo el anciano-

-¡El pelo de antaño me lo guardo en las pelotas ! -replicó Gervasio-

-Vengo del Congo, me mandan tus padres, me vistieron de Papa Noel porque dijeron que lo entenderías, que era un mensaje oculto entre tú y ellos pero ya veo que lo único que querían era reírse de mi. Tu madre se llama Fontana y tu padre Prostático. Quieren que estés feliz y aquí estoy de esta guisa, porque me caen bien. Tú verás, esta pócima la prepara un chaman de la secta de tus padres y funciona en cualquier parte del cuerpo -dijo el anciano oriental-

-Bueno pues si es verdad no pierdo nada y si es mentira tampoco, dámela -ordenó Gervasio-
-Son cinco euros, que quieres, no te estoy cobrando la mano de obra ni el desplazamiento, sólo los materiales -replicó el viejo-
-Vale, ¿te llevo algún sitio? -pregunto por compromiso el oficinista-
-Al aeropuerto -respondió el Papa Noel-

De vuelta en casa, no podía para de reírse por la idea de un oriental en un traje de Papa Noel. Se echó dos gotas en la cabeza cenó y se fue a dormir. Sintiéndose muy ridículo por creerse lo de la pócima.

A la mañana siguiente Gervasio tenía el pelo como nunca. Por fin después de tanto tiempo iba a volver a ser el travesti más molón de toda la Disco.

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