lunes 13 de julio de 2009

UNA CAJA DE CEREALES

Soy el cornflake número 753 de una caja de un kilo que tiene el código de barras demasiado grande como para recordarlo. Se que en el supermercado había una oferta de dos cajas por el precio de una. No me preguntéis cómo sabía eso, esas cosas se saben y ya está. Un día un estudiante llegó y se llevó la oferta, una caja eran nuestros vecinos de balda, la otra, nosotros. Perdimos el contacto visual de la otra caja cuando pasó el scanner, algunos compañeros aseguran que quedó olvidada en una bolsa en el suelo. Yo personalmente, no vi nada. Después de aquello nos pasamos otros dos días en un armario, esperando órdenes y acción. Por fin una mañana supimos que era el gran momento para los elegidos. La bolsa de plástico se abrió y vimos la luz más intensa de nuestras vidas. La caja se inclinó y saltamos al exterior, teníamos que caer dentro de una piscina, muchos de nuestros compañeros no lo consiguieron, cayeron fuera de ella, no he vuelto a oír sus voces. Enseguida nos dimos cuenta de aquel líquido era leche. Acto seguido unas palas empezaron a recoger soldados que se fueron con canciones victoriosas, al principio todo iba muy rápido luego más despacio y al final... Llevo tres días a la deriva en leche, poco a poco mi cuerpo se deshace y estoy cerca de un grifo que gotea en la piscina incansablemente. No consigo entender por qué me desecharon, por qué a todos los demás sí se los llevaron, por qué pensaron que yo no era lo suficientemente bueno. Lo peor de todo es que moriré sin saberlo. Deshecho por fuera y por dentro.

2 comentarios:

  1. ¡Genial!
    Creo que este lo voy a tomar prestado... ya verás.

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  2. Me gusta mucho, hasta me da pena del corn flake!

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