domingo 6 de junio de 2010

DESTELLOS

Le empezaban a doler y a oler los pies como nunca. Los labios se le agrietaban por la deshidratación, el pelo era una maraña polvorienta, su ropa ya no era ropa y su ropa interior era crema. Llevaba tres días caminando entre invernaderos. Comía lo que robaba y bebía lo que podía. Se despertó allí, en el desierto de plástico. No tenía ni idea de quien era ni de qué hacía en mitad de la nada. Así que pensó en caminar hasta que alguien le recogiera o le reconociera. Pero no se encontraba nunca con nadie. El quinto día llego a Labradillo del Campo. Quizá aquí tendría suerte. Lo primero que hizo fue entrar en el bar del pueblo. No había camarero así que gritó: "¡Hola!". Se sentó en la barra, miró el reloj calendario y espero pacientemente hasta quedarse inconsciente por el cansancio. Cuando despertó, las agujas del reloj seguían en la misma posición pero el calendario marcaba un día más. Seguía sin haber nadie. Así que dio la vuelta a la barra y se sirvió todo lo que quiso. Cuando por fin estaba con fuerzas fue a dar un paseo por el pueblo decidido a encontrar a alguien. Nada, nadie. Se bañó en la fuente del pueblo y cogió ropa de los tendederos. Por la noche, junto dos mesas en el bar y durmió en ellas. Tras una semana viviendo en soledad en Labradillo del Campo, se sintió con fuerzas para continuar caminando y buscando ayuda. Preparo una mochila, fue de casa en casa metiendo en ella lo que más le convenía. Cuando en el último inmueble al colocarse el macuto tiró al suelo una radio que estaba sobre una mesa camilla. De repente, una voz desesperada empezó a hablar por ella, repetía lo mismo sin cesar: " Los destellos están acabando con todo, si sigues con vida dirígete a el parking subterráneo más cercano a tu domicilio, allí te salvarás". Entonces comprendió que iba a ser muy difícil encontrar a alguien. En el pueblo no había parking subterráneo, así que pensó en el lugar más oscuro y ayuso. Comenzó abriendo una alcantarilla en la calle y bajando sus escaleras. Según bajaba oía algo que parecían murmullos, toses y gemidos. Tiró la mochila y salió corriendo hacía los escalofriantes sonidos. Se encontró un pueblo entero bajo tierra. Las personas estaban en grupos familiares, olía indescriptiblemente mal y nadie le hacía caso. Hasta que uno de ellos empezó a gritar: "¡Esa es mi ropa!¡Mi ropa!". Entonces todo el mundo echó a correr tras él. Y él corrió hacia la salida, miles de manos tiraban de sus pantalones hacia la oscuridad, así que se los desabrochó para poder subir y salir a la superficie. Una vez fuera, gritó: "¡Ya no hay destellos!", pero nadie salía. "Llevo dos semanas fuera y no he visto nada." "¡Sigo vivo!", entonces volvió a gritar: "¡Ya no hay destellos!". Finalmente, el dueño de la ropa, no sin temor, empezó a salir. Al principio estaba cegado por la luz, pero enseguida se dio cuenta de que no pasaba nada y empezó a reír como un loco. Poco a poco todo el mundo fue saliendo. Este pueblo fue el primero en salir a la superficie. Una vez todos recuperados fueron en busca de otros pueblos colindantes y así poco a poco las escasas personas vivas que quedaban en el planeta volvieron a la superficie. Por eso Labradillo Campo es hoy un lugar conocido por todos al que hay que agradecer que estemos aquí.

1 comentarios:

  1. Loor a Labradillo del Campo y sus alrededores! Loor a su escritora, que nos deja una maravillosa crónica del resurgir de la humanidad! Me encanta esta historia!

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